Sunday, February 10, 2019

"Vosotros Sois Mis Amigos"


De Abraham, Dios dijo que era "su amigo" (Isaías 41:8, 2 Crónicas 20:7, Santiago 2:23). ¿Ha meditado usted en este aspecto? ¿Es posible ser amigo de Dios? ¿Cuáles son las condiciones para ser "amigo" de Dios? ¿Qué responsabilidades acarrea esta condición especial? Estas interrogantes y otras que sin duda se estará formulando, tendrán respuesta en este capitulo.

Juan 15:14-15
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

Ser amigo de Dios es una condición posible de alcanzar
Si nos preguntamos qué características distinguen a un "amigo de Dios", podemos resumirlas en dos aspectos o puntos fundamentales: el primero es fe, y el segundo, obediencia. Ninguna relación se construye con un deseo individual, es decir, de una sola parte, sino con los dos interesados involucrados. Nuestro amado Padre está cordialmente interesado en ser nuestro "amigo"; sin embargo, para que el esquema esté completo, se requiere que de nuestra parte exista un interés similar.

Podemos ser sus amigos
El Señor Jesús anunció que podríamos ser sus amigos (Juan 15:14). Él dejó claro el propósito que tenía de concedernos ese titulo especial. Dijo, sin embargo, que para ser sus amigos, deberíamos cumplir los mandamientos. El proceso es sencillo: primero, los conocemos; segundo, los entendemos; tercero, los ponemos en práctica.

La historia demuestra que sí es posible ser amigo de Dios: Abraham fue considerado por Dios como su amigo (Isaías 41:8; 2 Crónicas 20:7). Fue fiel al Creador. Vivió en consonancia con aquello que Dios esperaba de Él. Mantenía íntima comunión y además, se fortaleció en la fe aun cuando las circunstancias adversas hacían temer que no se materializaría aquello que Dios le había prometido. Romanos 4:18 “El creyó en esperanza contra esperanza, para llegar a ser padre de muchas gentes, conforme a lo que se le había dicho”…

El peldaño de la fe
La fe constituyó el peldaño que le permitió a Abraham ser considerado "amigo" de Dios (Santiago 2:22-23). La vida de Abraham puso en evidencia que tenía su fe arraigada en Dios; a pesar de las dificultades no menguó sino que creció porque cada nuevo incidente que enfrentaba, lo llevó a tomarse con mayor fuerza de la mano del Padre; mantuvo siempre la certeza de que Dios cumpliría todo aquello que le había prometido y además, fue agradable delante de sus ojos.
Es necesario volvernos a Dios para ser sus amigos.

Entre tanto nos movamos conforme al sistema de la mundanalidad, estaremos distantes de Dios y cosecharemos el fruto de la maldad que hayamos sembrado (Santiago 4:1-3). Nadie obra de buenas a primeras sujeto al pecado. Es cierto, nacemos con una naturaleza pecaminosa, pero la alimentamos con nuestros pensamientos, acciones y deseos. Y no podemos olvidar que aquél que se hace amigo del mundo, se constituye en enemigo de Dios (Santiago 4:4).

La decisión de ser amigos de Dios no parte de nuestro amado Señor, sino de cada uno de nosotros, Para lograrlo es necesario despojarnos de todo aquello que pudiera ligarnos a la vanidad del mundo. Significa en esencia, renuncia, porque el nos anhela celosamente. Esto quiere decir, que nos desea totalmente para el y no esta dispuesto a compartirlo con nada, ni nadie, que nos sustraiga su amor. (Santiago 4:5)

Para ser amigos de Dios es necesario honrarle (Salmo 96:8; Malaquías 1:6).
¿Cuándo honramos a Dios? Cuando andamos en sus caminos y, sujetos a Él, deseamos de todo corazón exaltarle con lo que pensamos y con lo que hacemos. El Señor espera un pueblo así, comprometido, que se desenvuelva en sus preceptos, los cuales aseguran una buena relación con el Padre, con nosotros mismos y con el prójimo.

Si aspiramos ser amigos de Dios, debemos reconocer su grandeza y poder (Job 37:23).
El mayor problema es que los seres humanos sin Cristo en el corazón, tendemos a confiar más en nuestras fuerzas y capacidades, que en el poder de Dios. Solamente cuando nos sometemos a Él aprendemos a desarrollar una estrecha dependencia del Padre.

Sin pretendemos ser amigos de Dios, debemos ser leales a Él (Apocalipsis 2:10).
Fieles a Dios no es otra cosa que obediencia y permanencia en Él, por encima de los acontecimientos que puedan embestirnos. Sea favorable o desfavorable la situación, estar firme en la brecha, asidos fuertemente de la mano de Dios. Y tener conciencia de que Él no nos dejará solos jamás.
Si anhelamos ser amigos de Dios, debemos disponernos para que Él nos guíe (Salmos 37:23).
Para tal propósito, son imperativas cinco condiciones:

Por:  Rolando Delgado 

Monday, February 4, 2019

Andaban con Dios y se Olvidaron de Dios


Andaban con Dios y se Olvidaron de Dios
(1 Juan 1:6)
Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no
practicamos la verdad.



INTRODUCCIÓN: Cuán privilegiado es el ser que ande y dependa en todo de Dios, pues todo lo que hace prosperará (Sal.1:3) Este privilegio consiste en que él está con Dios y Dios está con él, de modo que se consagra a Dios, habla con Dios, y camina con Dios; pero el secreto para gozar de ese privilegio continuamente es la obediencia hacia Dios.

Obedeciendo a Dios todo lo que hace prosperará porque está en la voluntad de Dios, es como estar siendo utilizado por Dios para cumplir sus propósitos, ¿Quién se podrá oponer a la voluntad de Dios?; Gamaliel, quien era doctor de la Ley dijo que la obra de Dios nunca podría ser destruida (Hch.5:38,39); hay además una promesa de parte de nuestro Señor Jesucristo que nos garantiza permanecer para siempre si hacemos la voluntad de Dios (1Jn.2:17)

La Biblia nos cita casos de hombres y mujeres que andaban con Dios e hicieron Su voluntad. Hombres y mujeres que se entregaron enteramente a Dios, obedeciéndole de tal forma que vieron la gloria de Dios en sus vidas, siervos como: Noé, Enoc, Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Josué, Samuel, Elías, David, Daniel, Eliseo, Ruth, Esther, Pedro, Job, Juan, Esteban, Pablo y muchísimos otros; éstos son ejemplo de consagración total a Dios, con el privilegio de andar con él sin olvidarse de El.

Pero la Biblia también nos habla de personajes que, aunque se consagraron a Dios, hablaban con Dios y hasta caminaban con Dios, llegaron a olvidarse de Dios, teniendo un fin lastimosamente triste para ellos.


PROPOSICIÓN: Veamos cinco de estos personajes:


1.- SANSÓN (Jueces 13-16) (Consagrado a Dios)

El ángel de Jehová le anunció a sus padres desde antes de nacer que sería dedicado a Dios desde su nacimiento y que sería usado por Dios para librar a Israel de la opresión de los filisteos. El Espíritu de Jehová estaba con él y así hizo grandes hazañas con las que libertó al pueblo israelita. Después que pecó la primera vez (Jueces 16:1), y viendo que Dios continuaba con él, decidió seguir jugando con sus pasiones y con la misericordia de Dios; fue así como se olvidó de Dios y sin darse cuenta Dios se separó de él (Jueces 16:20), comenzando así su calamidad espiritual y física hasta el día de su muerte (Jueces 16:30)


2.- SAÚL (1 Samuel 9-31) (Escogido por Dios)

Cuando Israel desecha a Dios y pide un rey, Jehová manda a Samuel para que unja a Saúl (1 Samuel 9:17) para que gobernara a Israel, pasando así a ser el primer rey de Israel. El Espíritu de Dios estaba sobre Saúl y así hizo grandes proezas librando a Israel de los pueblos que lo oprimían, sin embargo, luego de andar en la voluntad de Dios decide desobedecerlo por lo que Dios lo desecha y se aparta de él; aquí comienza su muerte espiritual, la cual culmina con su dramática muerte en batalla contra el mismo pueblo que había vencido cuando hacía la voluntad de Dios (1 Samuel 31:4)


3.- SALOMÓN (1º Reyes 1-11) (Amado de Jehová)

Cuando nació, el Profeta Natán le dio el nombre de Jedidías, Amado de Jehová (2 Samuel 12:25), y Salomón mismo amó a Jehová (1 Reyes 3:3); así fue que al comenzar su reinado Jehová hizo pacto con él (1 Reyes 3:14 y 1 Reyes 9:3-9) Fue grande en sabiduría, riquezas y fama como lo había prometido Dios (1 Reyes 3:11-13), pero desobedeció a Dios uniéndose a mujeres extranjeras las cuales le inclinaron su corazón a otros dioses, ya que las amó (1 Reyes 11:4); Jehová castigó esta desobediencia dejándole a su pueblo tan solo una pequeña parte del reino (1 Reyes 11:13)


4.- BALAAM (Números 22-24) (Hablaba con Dios)

Era un profeta de Madián, quien fue contratado por el rey de Moab para maldecir a Israel y así poder vencerlo. Pero Jehová le ordenó que no fuera ni lo maldijera porque era un pueblo bendito. Aunque estaba impulsado por Dios para bendecir a Israel, Balaam deseando la recompensa de Balac y desobedeciendo que era un pueblo bendito de Dios, aconsejó a Balac para que los sedujera con mujeres extranjeras (Números 31:16); así fue como el pueblo de Israel se prostituyó y se inclinó a otros dioses, encendiendo la ira de Jehová sobre ellos (Números 25:1-4) Después de esto, Jehová ordenó a Moisés la venganza contra los Madianitas y en la matanza también murió a espada Balaam (Números 31:8)


5.- JUDAS ISCARIOTE (Caminaba con Dios)

He aquí un hombre quien verdaderamente caminaba con Jesucristo, "Dios hecho hombre", porque él era uno de los doce apóstoles (Juan 6:71) Judas, andando con Jesús se ocupaba de la bolsa del dinero que tenían en común, pero era un ladrón y se aprovechaba sacando dinero para él (Juan 12:6) El Señor Jesús, sin delatarlo anunció la traición en varias oportunidades (Juan 6:70); y aunque él era el hijo de perdición (Juan 17:12), la escritura debía cumplirse (Salmo 41:9); por el hecho de caminar con Dios mismo y ver las maravillas que él hacía, bien pudo no haberse olvidado de Dios y clamar misericordia, la cual no le fue negada, pero no lo hizo para que se cumpliera la escritura; su fin fue terrible (Hechos 1:18)



CONCLUSIÓN: Estos hombres disfrutaron del privilegio de andar con Dios, en tanto le obedecieron, pero su fatalidad tiene un punto de partida clave que es la desobediencia a Dios. Dejándose llevar por sus pasiones, sus deseos, su soberbia y sus intereses, fue como se olvidaron de Dios y comenzaron con su muerte espiritual. En Judas hay una enseñanza: ésta es que por el hecho de caminar con "Dios hecho hombre", escuchar sus enseñanzas y ver sus milagros, esto no fue suficiente para que Judas viera el Reino de Dios; y es que el Señor Jesucristo hizo énfasis en que nos era necesario nacer de nuevo para verlo (Juan 3:3-7) Este es un nacimiento espiritual que hace el Espíritu Santo, renovando todo nuestro ser y haciéndonos una nueva criatura (2Cor.5:17)

Es necesario andar con Dios y estar con Dios, pero sin olvidarse de Dios; para esto hay que dejar al Espíritu Santo obrar para que podamos nacer de nuevo, y perseverar en este maravilloso camino de salvación, pero acordémonos que esto no es por nuestra fuerza, sino por la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, obedeciendo Su guía y la voz de Dios que es Su Santa Palabra. De modo que nuestra prioridad debe ser: obedecer.