Friday, September 6, 2013






Infidelidad y restauración. Nunca digas nunca

Por  Gary y Mona Shriver:
Recorrer el pasillo de la casa aquella noche fue una de las cosas más difíciles que he hecho en toda mi vida. Yo sabía que esto podía ser el final de todo lo que me importaba: familia, amigos, trabajo, iglesia.

Me senté en la cama al lado de mi esposa. Levantó la vista, y me dijo: "¿Cómo estuvo tu reunión?" No pude evitarlo —me puse a llorar— otra vez. Acababa de pasar las dos últimas horas en la oficina de nuestro pastor, confesando un secreto que había ocultado durante los últimos años.
"Me estás asustando", dijo Mona.
Me cubrió con sus brazos tratando de consolarme, pero finalmente susurré mi terrible confesión: "Te he traicionado; te he sido infiel".
Sabía que nuestras vidas acababan de cambiar, pero no tenía idea de lo que sucedería después. Sentí cómo mi esposa se ponía rígida y se alejaba de mí. Se encogió ante mis ojos, y pensé que se desmayaría.

¿Por qué nos pasó esto? Teníamos un buen matrimonio y tres hijos que amábamos profundamente. Pero el ajetreo de la vida nos alejó poco a poco. Fue así como la amistad con una compañera de trabajo se salió de control. Un toque inocente llevó tramposamente a otros más. Comenzó un romance extramarital, y un día se convirtió en una semana, después en un mes y posteriormente en tres años.
Lo único que yo sabía era que no podía seguir así. Tenía que arreglar mi situación con Dios y, de ser posible, con mi esposa. Por dentro me estaba muriendo. Dios mío, ¿qué he hecho? Sabía que había desgarrado el corazón de la mujer que amaba, que había estado conmigo durante 20 años.
LA HISTORIA DE MONA
Miré el rostro de Gary, y vi que algo trágico había sucedido. Mientras me confesaba su traición, sentí como si estuviera viendo desde lejos a unos desconocidos sentados en nuestra cama.
Lo que sí sabía yo era que la vida nunca sería igual. Yo jamás volvería a ser la misma. El miedo y el dolor me envolvieron. Me costaba respirar. Una tragedia había ocurrido —y me había sucedido a mí.
Le pregunté a Gary si él quería el divorcio. El quería ver si podíamos sanarnos, si yo estaba dispuesta a intentarlo. ¿Sanar? Ni siquiera estaba segura de si podría sobrevivir.
Había vivido completamente engañada. Gary había estado teniendo durante los últimos años un romance con mi mejor amiga, y yo nunca lo había sospechado. No tenía idea de que nuestro matrimonio fuera vulnerable. Gary no era bueno para mentir; siempre pensé que lo sabría si lo hacía. Mis amigos pensaban que él era maravilloso: lavaba los platos y la ropa; cambiaba los pañales. Éramos amigos; podíamos hablar de cualquier cosa. Por supuesto, habíamos tenido nuestros malos momentos en dos décadas de matrimonio, pero nada que no pudiéramos superar. ¿Acaso había sido tan mala esposa?
Sentí indicios de cólera. Tuve náuseas. Pasé el resto de esa noche llorando, sintiendo que el dolor penetraba cada centímetro de mi ser. Me sentí más sola que nunca.
A partir de esa noche, hubo un nuevo calendario en mi vida: antes, durante y después de su infidelidad. Mientras que la carga de Gary empezaba a aliviarse, la mía estaba comenzando a derrotarme bajo su peso aplastante.
UNA HISTORIA DE RESTAURACIÓN
GARY
Cuando nos casamos, sabíamos que nuestro matrimonio funcionaría. Éramos unos buenos amigos que se amaban y respetaban mutuamente.
Cinco años después, Mona se graduó de enfermera, yo inicié mi propia empresa, y tuvimos nuestro primer hijo. Unos años más tarde ambos nos hicimos cristianos Ahora teníamos un vínculo más que nos mantendría firmemente unidos.
Al cumplir 20 años de casados, ambos estábamos muy activos en el trabajo de la iglesia. Pero, aparte de nuestras apretadas agendas, teníamos que criar a tres varones, lo cual estaba resultando mucho más difícil de lo que habíamos imaginado, y rara vez teníamos tiempo o energías para nosotros. Nos repetíamos una y otra vez que "nuestro tiempo" vendría después, cuando en verdad tuviéramos tiempo. Pero lo cierto es que estábamos atrapados en una vida que nos estaba llevando por caminos separados.
Esas primeras semanas después de mi confesión fueron un tiempo borroso. Más tarde supimos que era normal, ya que la revelación de infidelidad es como una muerte repentina. Mona, que antes había sido un modelo de fortaleza, a duras penas podía salir a rastras de la cama. Apenas tenía la energía suficiente para cumplir con su turno en el hospital.
Pero, con excepción de mi sentimiento de culpa y del dolor de ver sufrir a mi esposa, yo estaba experimentando libertad por primera vez en mucho tiempo. De inmediato dejé de trabajar con aquella otra mujer, y corté todo contacto. Al no seguir viviendo una mentira, podía de nuevo pasar tiempo con Dios y disfrutar de su presencia. Hacía todo lo que podía para dejar que Mona pasara tiempo a solas para pensar y llorar. Pero mi mayor desafío era agotador: sabía que tenía que responder sus continuas preguntas lo más honestamente posible. A diferencia de mí, Mona no sabía nada de lo que había sucedido durante los últimos años. Necesitaba poder llenar los espacios en vacíos como un rompecabezas, y yo necesitaba unir pacientemente las piezas —una y otra vez, cada vez que hiciera falta, hasta que ella pudiera entender mejor su vida. Las palabras de cólera no eran raras, ya que la verdad no era agradable.
MONA
Pocos en la iglesia me habrían criticado si hubiera dejado a Gary (Mt 19.9), pero yo sabía que divorciarme no haría desaparecer el dolor; yo tendría que pasar por el proceso de llanto y sanidad, con o sin él.
Esa noche de la revelación hace 17 años fue terriblemente dolorosa, pero también marcó el comienzo de nuestra recuperación. No porque alguno de nosotros creyera que podíamos sanarnos, sino porque sentíamos que no teníamos nada más que perder. Lo único que sabíamos era que queríamos obedecer a Dios, no importa adonde nos llevara eso.
Así que empezamos a ver a un consejero cristiano que confiaba en que nuestro matrimonio podía sanarse. Aunque nos aterrorizaba pensar que tal vez no pudiera. Lo que realmente necesitábamos era hablar con otra pareja que hubiera sido devastada por el adulterio y logrado la restauración. Queríamos ver a personas reales que pudieran decirnos honestamente que el dolor de luchar con este profundo trauma emocional valía la pena. Pero nuestro consejero no podía encontrar a nadie que tuviera la experiencia o las cualidades que se necesitaban en estos casos. Por tanto, dábamos un paso a la vez en un camino cuesta arriba que ni siquiera sabíamos que existía.
Hablamos mucho sobre la infidelidad de mi esposo y sobre nuestro matrimonio, y pronto nos dimos cuenta de que, si bien estaban relacionados, se trataba de dos asuntos distintos. La infidelidad había sido una decisión unilateral de Gary, pero los dos éramos responsables de nuestro matrimonio, y necesitábamos comprender por qué había fallado. También teníamos que volver a aprender a ser sinceros y a escucharnos —caímos en cuenta de que nunca habíamos sido verdaderamente honestos el uno con el otro, y que teníamos cosas que no eran compatibles con un matrimonio saludable. Por supuesto, estas no eran excusas para el adulterio; Gary podía haber decidido hablar de estos problemas con honestidad en vez de buscar consuelo en otra parte. Pero ahora era nuestra oportunidad de abordar cosas de las que no nos habíamos ocupado por mucho tiempo.
Pero después de diez meses de haber comenzado nuestra restauración yo sentía que el proceso de "recuperación" me estaba matando poco a poco. En una sesión de emergencia, nuestro consejero nos ayudó a aclarar un problema ocasionado por una respuesta de Gary. Por alguna razón, escuchar esta voz imparcial más allá del caos emocional nos permitió ver el verdadero problema de manera clara y ocuparnos de él. Salimos de su consultorio con esperanzas renovadas; aunque la lucha no había terminado, yo sabía que podía seguir adelante con el poder de Dios.
GARY
Con el tiempo, y perseverando día tras día, comenzamos a ver los progresos que habíamos hecho. Sentimos por fin que la restauración era posible.
Nuestro consejero nos llamó dos años más tarde, y nos dijo: "¿Recuerdan que una vez me preguntaron si sabía de alguna pareja con la cual pudieran reunirse?" Siguió diciendo: "¿Están ustedes listos para ser esa pareja para otras personas?"
Eso nunca nos había pasado por la cabeza. Hacer esto significaría reconocer ante otros el dolor de nuestro pasado sufrimiento. ¿Se repetirían nuestros peores recuerdos y emociones? Al hablar y orar por la idea, recordamos lo necesitados que habíamos estado nosotros. Por tanto dijimos que sí.
Nuestro primer encuentro con una pareja determinó el rumbo de un ministerio con el que nunca habíamos soñado cuando iniciamos este camino. Después de que todos vimos el enorme impacto de este apoyo en la recuperación de ese matrimonio, fundamos Hope & Healing Ministries (Ministerio de Esperanza y Restauración) junto con ellos. Doce años después, seguimos viendo a Dios actuando de manera poderosa al aconsejar a parejas que enfrentan la misma situación que vivimos nosotros, que se preguntan si habrá esperanza para ellos.
La noche en que Gary hizo su confesión, ninguno de nosotros esperaba que hubiera una restauración. Dudábamos de que el dolor se marcharía. Pero ahora sabemos que el adulterio, por más destructivo que sea, no significa automáticamente una sentencia de muerte para un matrimonio. Encontrar el camino fue lo más difícil que hemos hecho, pero hoy tenemos un matrimonio fuerte y feliz basado en amor, respeto, intimidad y confianza. Y hemos visto una y otra vez que la restauración se ha vuelto una realidad en otras parejas antes desdichadas. La recuperación es un trabajo difícil que requiere de dos corazones dispuestos. El mismo Salvador que permite a los pecadores estar puros delante de un Dios santo, puede restaurar lo que está en ruinas, convirtiéndolo en algo hermoso y deleitable


AvanzaPorMas.com

`

No desesperes, tu vida está en sus manos
Por Esteban Correa

"Me sacó del foso de desesperación, del lodo y del fango.
Puso mis pies sobre suelo firme y a medida que yo caminaba, me estabilizó". Salmo 40:2

La palabra de Dios esta llena de mensajes e historias que nos inspiran la fe y nos muestran el gran amor de Dios. La fe en el amor de Dios es el centro de la biblia, la misión de la venida de Cristo es esta: "Yo he venido para que tengas vida y para que la tengan en abundancia" y también dijo: "Tened fe en Dios". A menudo desesperamos por situaciones de la vida, una infidelidad, frustración, un hijo rebelde, deudas, soledad, tristeza, una enfermedad, heridas emocionales, etc. Pero hoy Dios te dice: "No desesperes, tu vida esta en mis manos". Esta es una palabra de consuelo si estás pensando por situaciones difíciles y no sabes que hacer con tu vidas; tal vez tus sueños están frustrados, tus ilusiones se han destrozado por las circunstancias que te han tocado vivir. Pero Dios te mira de cerca, el te sacará de esta situación, no quedarás en el pozo de la desesperación. Pronto te acordarás de esta palabra y tu corazón dirá: "Gracias Señor por que me libraste, me prosperaste, me sanaste y todo esta mucho mejor". Él es quién te da fuerzas cuando no tienes ninguna, el que te afirma cuando te sientes débil, el es quién envía esas personas que te ayudan y levantan. Él te da fortaleza en medio de los problemas, porque "todo lo puedes en Cristo que te fortalece".

Que hacer en medio de la desesperación

Haz lo siguiente, comienza hoy a adorar a Dios, usa la música que te inspira, abre tu boca y di las palabras que están en tu corazón. Él te estará escuchando y quitará tus cargas, ansiedades, llevará tus tristezas, te llenará de fuerza y de poder.

Habla con el Señor como a un amigo

Abre un canal de oración con el corazón, pregúntale con sinceridad todo lo que quieras, confiésale, dialoga. Él pondrá cosas especiales en tu corazón, y pensamientos de paz en tu mente.

Desecha la culpa

Que una persona prospere o no económicamente, no tiene nada que ver con haber echo cosas malas o buenas en todos los casos. Muchas de las personas más ricas del mundo, jamás en su vida pisaron una iglesia, y tampoco aceptaron a Jesús como su salvador. La prosperidad de Dios va más allá de dinero. Algunos ven riqueza económica y lo confunden con bendición de Dios. La bendición de Dios es (además de poder adquirir bienes en abundancia y no tener ninguna deuda) paz, salud, gozo, felicidad y su favor en toda situación, es un "combo" completo lleno de cosas buenas, no de solo dinero.

"El que confía en sus riquezas caerá; Mas los justos reverdecerán como ramas". Proverbios 11:28

"Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús". Filipenses 4:19

Muchas veces hay pensamientos religiosos que te meten culpa. "No estás bendecido porque hiciste esto o aquello" a veces, son personas que te inculcan esa forma de pensar, donde todo es juicio y condenación de Dios. Eso te estanca porque te hace creer que no eres digno de hacer nada para ser bendecido, y por lo tanto tus acciones y expectativas quedan inertes. La sangre de Cristo es eficaz para limpiarnos de todo pecado y el Espíritu Santo de Dios es quién nos fortalece para poder mantenernos en obediencia. Esto te habilita para vivir en bendición, en tener paz mental, salud y prosperidad en todas las cosas. Las riquezas materiales también deben llegar a nuestras manos, porque Dios quiere que personas llenas del Espíritu Santo, buenas y justas, sean las que manejen las riquezas con justicia y rectitud para que muchos sean bendecidos.

"El que amasa riquezas mediante la usura las acumula para el que se compadece de los pobres". Proverbios 28:8

Declara la palabra de Dios

Llena tu boca de declaraciones de fe y no de derrota. Di lo que va a suceder contigo, no importa la situación, ni lo que sientas, dilo igual, dilo tantas veces como te sea posible en voz alta. Estudia y declara versículos referentes a tu situación especial. Escucha mensajes de fe y pide oración por tu problema.

Haz esta oración por sabiduría.

Una de las cosas en las que fallamos es en la falta de sabiduría para decidir. Pide a Dios sabiduría, una revelación y una claridad de lo que debes hacer. La biblia dice que Dios produce el "querer como el hacer", Él te hará entender el camino que debes andar y te conectará con los conocimientos y la gente correcta para que alcances tu bendición.


Tomado de Avanza por más

Sunday, August 4, 2013

El conformismo

Romanos 12:2.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

Generalmente nos dicen que no nos conformemos, porque si lo hacemos seremos conformistas.

Entonces como cristianos como debemos actuar, pues es curioso la respuesta según la Palabra de Dios, ya que hay dos tipos de conformismo. Y según ellos será nuestra respuesta.

I. La que agrada a Dios. Es aquella que aunque no tenemos todo lo que deseamos, estamos contentos con lo que hemos alcanzado y agradecemos todo a Dios. “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”. 1 Timoteo 6:6-8.

II. La que desagrada a Dios. Es la actitud pasiva, que no permite un mayor desarrollo como persona.

Para empezar debemos agradecer a Dios en todo momento, ya que Dios sabe porque suceden las cosas. Entender que Dios es quien cuida a sus hijos y provee de las situaciones que mejor nos conviene, de allí que cualquier circunstancia es un motivo para agradecer a Dios.

Ese es el tipo de conformismo que Dios desea, de estar contentos de la vida, gozar del amor de Dios y lo que es más importante compartir ese Amor maravilloso.

El estar contentos con nuestro diario vivir no indica que no debamos hacer nada para mejorarlo.

Podemos empezar con Sansón, llamado a ser un gran juez de Israel y se durmió en sus fuerzas y no consiguió hacer algo realmente importante para el pueblo de Dios.

Como por ejemplo en Génesis 11:27-32 habla de Taré un hombre que tardo 205 años en morir y vivió en una tierra improductiva, a mitad de camino entre Ur y Canaán.

En el campo espiritual es del mismo modo, nuestro enemigo quiere que creamos que ya Dios hizo todo lo que tenía que hacer con nosotros y que ya es suficiente, pero eso no es así. Nuestro Padre Celestial quiere que día a día renovemos nuestro entendimiento y que comprobemos por nosotros mismos que Él quiere darnos más y más…

No seas conformista con Dios, pídele, sueña, lucha, crece, cree... Porque con Dios, el límite lo pones tu…
ESPERAR EN EL TIEMPO DE DIOS


Dios responde todas las oraciones, aunque no siempre de la manera
esperada. Nosotros pensamos en el presente; Dios nos prepara para la eternidad.
Preparó por miles de años la venida de su Hijo. Te hará esperar lo necesario para alcanzar los mejores resultados. Contempla como Dios actúa lentamente en la creación. No se puede apurar a Dios. La espera es para nuestro bien. Aun lo bueno puede hacer daño si se alcanza prematuramente.

A veces Dios demora la respuesta a una oración hasta que hayas aprendido algo que Él quiera enseñarte. A veces espera hasta que se produzcan las condiciones propicias para el resultado que quiere lograr. Como en el caso de aquel ciego de nacimiento. Tuvo que ser ciego toda su vida para que todos lo supieran, y así, al llegar cierto día Jesús y sanarlo milagrosamente, Dios fuese glorificado (véase Juan 9).

En ciertos casos, tal vez transcurran años hasta que sepas por qué Dios no respondió del modo que esperabas, o cuando se lo pediste, ¡pero el día llegará, y sabrás que Dios actuó acertadamente! 
Espera en el Señor!


“Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez en el tiempo que Dios le había dicho” Génesis 21:2

¡Qué difícil es esperar el tiempo de Dios! Especialmente cuando pensamos que ya, nada va a cambiar. Cuando empezamos a ver que las cosas comienzan a verse como imposibles. Cuando estamos bajo presión, cuando estamos en urgencias, cuando estamos en necesidad.
Entonces comenzamos a desesperarnos y todo el panorama es desolador. La ansiedad comienza a devorarnos. Si no logramos nuestro objetivo a tiempo el enemigo toma su oportunidad y trabaja en nuestro desánimo hasta llegar a la depresión.

Dios maneja un tiempo que no es el nuestro. El tiempo nuestro lo manejamos con un reloj y a veces, el reloj nos maneja a nosotros. A veces hacemos las cosas apremiados por el tiempo o como también se dice: “contra reloj”, y los resultados no son muy buenos.

Dios no usa reloj, pero nos da las cosas cuando es el mejor momento para nosotros, el tiempo más conveniente. Muchas veces arruinamos lo que Dios quiere hacer, o aún nuestras propias vidas, por apresurarnos y tomar decisiones incorrectas movidos por la ansiedad de ese apuro. La lección de confiar y esperar, es muy dura en este caso. El salmista dice en el Salmo 37:3-5 “Confía en Jehová y haz el bien y habitarás en la tierra y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y El te concederá las peticiones de tu corazón, encomienda a Jehová tu camino espera en El y El hará”. Estas palabras son un bálsamo para nuestra ansiedad y son el camino de Dios, para que El haga las cosas.
¡Qué alegría cuando Sara tuvo su hijo!, Dios cumplió Su Palabra, como lo hace siempre. El no falla, es Fiel, a pesar de que nosotros no le creemos por las circunstancias o la imposibilidad de las cosas que nos rodean.

Rubén, el hijo que no supo esperar
Rubén era uno de los doce patriarcas, hijos de Jacob. Específica-mente él era el primogénito. En el contexto patriarcal sabemos que la primogenitura era algo muy importante, pues el primogénito recibía el honor de ser el heredero oficial del clan. El problema de Rubén no fue haber sido el primogénito, si no que intentó reclamar sus derechos antes de tiempo e irrespetó a su padre Jacob.
Génesis 35.22 nos cuenta que mientras Jacob hacía duelo por la muerte de Raquel, Rubén aprovechó para “dormir con Buha, la concubina de su padre, lo cual llegó a saber Israel (Jacob)“. El tomar la esposa de su padre en ese contexto significaba que estaba clamando su primogenitura antes de tiempo. Se estaba proclamando como el heredero principal y Jacob su padre ni siquiera había muerto.
Los años pasaron y finalmente cuando Jacob estaba a punto de morir, hizo llamar a todos sus hijos para repartir su herencia. Me imagino que Rubén estaba muy emocionado pues según él, finalmente recibiría sus derechos del primer nacido completamente. Pero Génesis 49.1-4 nos enseña que éste no recibió la bendición que esperaba, pues Jacob en su lecho de muerte le reclamó su mala actitud que había tenido años atrás, al tomar a Bilha como mujer y así intentar proclamarse como el heredero. Rubén no recibió lo que tanto había anhelado.

Acán, la avaricia no le hizo esperar
En el tiempo Josué y de las conquistas de las tierras de Canaán, los Israelitas recién habían triunfado sobre Jericó. Dios les había dado la victoria sorprendentemente. La próxima ciudad a conquistar era la ciudad de Hai. Realmente no era una gran amenaza para un pueblo tan numeroso como Israel, pero increíblemente los Israelitas perdieron la batalla contra esta ciudad. Josué 6.18-19 nos enseña que Dios había dicho que el tesoro que encontraron en Jericó sería para él solamente y no para los Israelitas.


Acán imprudentemente tomó de algunos de los tesoros para él (7.20-21) y fue castigado por ello con la muerte misma.
Lo que realmente me llama la atención de este relato es la orden siguiente que da Dios cuando finalmente les daría la victoria sobre la ciudad de Hai. Josué 8.2 dice, “Y harás a Hai y a su rey como hiciste a Jericó y a su rey; sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros…”. Si Acán se hubiese esperado en Jericó hasta Hai, hubiese obtenido muchos bienes sin ningún problema, pero no supo esperar y murió apedreado por el pueblo.
¿Nos parecemos a Rubén y Acán?
Tenemos que reconocer que a veces nosotros también no esperamos el tiempo de Dios como lo hicieron estos hombres. A veces queremos las cosas de manera “rápida e instantánea”. Estamos tan acostumbrados a cosas instantáneas como el micro-onda, el Internet, el control remoto, que queremos que Dios trabaje de la misma manera con nosotros.
Queremos que las bendiciones vengan “ya”, “aquí” y “ahora”. Hay que asimilar que a veces somos un poco impacientes cuando se trata de recibir una respuesta de Dios, mucho más cuando estamos sumergidos en momentos de crisis.


http://www.conpoder.com/dante-gebel-el-profeta-y-el-leon/

Friday, May 24, 2013

Hola, amigo y hermano

La paz que Dios te da...

Hoy quiero demostrarte bíblicamente que Dios desea tu bienestar y felicidad.

"Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes -afirma el Señor-, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza". Jeremías 29:11

El mundo nos ofrece una paz basada en las cosas que tenemos, en los logros alcanzados, en la estabilidad económica, en las personas que nos rodean pero el problema de esto es que cuando perdemos lo que tenemos, o no alcanzamos ciertas metas o cuando nuestra economía se viene a pique esa paz que nos ofrece el mundo se esfuma. 



"Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les hará recordar todo lo que les he dicho. La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo. No se angustien ni se acobarden". Juan 14:26-27 (NVI)



La paz que Nuestro Dios nos ofrece va más allá de las circunstancias presentes, del dinero, de las personas que nos rodean o de lo que podemos tener.

 Por eso Dios nos dice: "Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo". Juan 16:33

 ¿qué debes hacer para tener paz? Confiar en Dios.

Mira lo que dice Salmos 37.3-6 y 23-25 (Nueva Versión Internacional)

"Confía en el Señor y haz el bien;
Establécete en la tierra y mantente fiel.
Deléitate en el Señor,
y él te concederá los deseos de tu corazón.



Encomienda al Señor tu camino;
Confía en él, y él actuará.
Hará que tu justicia resplandezca como el alba;
tu justa causa, como el sol de mediodía.



El Señor afirma los pasos del hombre
cuando le agrada su modo de vivir;
podrá tropezar, pero no caerá,
porque el Señor lo sostiene de la mano". 



Así que en este día confía en Dios, y recuerda que estás en Sus manos! No hay nada que escape de Su poder.